La gran experiencia del voluntariado en Aarhus

¡Lo logramos, estamos aquí!

Quisiera saber si te acuerdas de la última vez que fuiste al teatro, o al cine. Quizá recuerdas la atmósfera de ese momento, la oscuridad que estimula a los ojos a ver más profundamente, el silencio que te hace estar expectante a lo que sucederá después y, luego, la luz que apunta al escenario, a los protagonistas. Todo lo demás desaparece y empieza el espectáculo.

Lo que más admiro de momentos así suele ser aquellos detalles que pasan inadvertidos, las horas de preparación y trabajo en equipo que no es posible calcular a simple vista. Tal y como sucede en el evento que ahora nos convoca, son 120 voluntarios de la Asociación Cristina de Jóvenes trabajando de manera directa en el evento y alrededor de 600 voluntarios trabajando de manera indirecta, de quienes muchas veces no tenemos noticia, entre todos ellos estoy yo. Soy Caro, apoyo al equipo de voluntarios durante el 20° Consejo Mundial de la YMCA en Aarhus y, mientras escribo este blog, me doy cuenta que soy la única latinoamericana que tiene ese privilegio.

Cuando supe que habría un campamento de voluntarios, lo primero en que pensé fue que cantaríamos canciones alrededor de una fogata junto al mar. Es claro que es mi primera vez como voluntaria en un evento que conecta a más de 2000 personas. No hay fogata ni mar, sin embargo, el ambiente es cálido, y los voluntarios a cargo de cuidar a los demás se esmeran porque todos estemos como en casa. Es agradable ver cómo al final del día nos une nuestra acción voluntaria; allí, nos reunimos en los sofás y contamos un poco de lo que vivimos ese día, de lo que nos gustó y obviamente de la cara de cansancio que tenemos. Estos detalles son los que atesoro.

Ayer para mí fue un día de contrastes. Empezando por el clima, no hay manera de acertar, la única opción es rendirse: empacas en el morral un abanico de mano para el calor y lo pones al lado de la chaqueta de lluvia, porque va a diluviar. Tampoco sobra empacar otro par de medias, seamos realistas, después de eso no llegarás con la ropa seca a tu destino, mucho menos tus zapatos.

El primer día de nuestro evento fue un día para las excursiones, más de 20 grupos conformados por personas de diversas nacionalidades dejaron atrás Aarhus, nos fuimos a conocer un poco la cultura danesa y sus YMCA. Mi grupo visitó Horsens, que a mi me suena como si dijera caballo en inglés, es una ciudad que tiene cerca de 60.000 habitantes. Dicho esto, no sorprende que en las carreteras danesas no haya trancones y que sea tan fácil confiar que el transporte público llegará a tiempo, en mi país, eso no pasa.

En Horsens el bus nos llevó hasta un centro cultural llamado Platform K, aunque éramos invitados, nos pidieron que compartiéramos algunas ideas sobre qué podría incluir su salón de música (y baile), que actualmente se encuentra en proceso de renovación. En mi mesa no había dos personas que fueran del mismo país, así que no hubo lluvia de ideas, era más como una cascada. Cada vez que alguien hablaba, algo nuevo nacía, algo bello y enriquecedor, era verdaderamente el ambiente internacional en el que la YMCA te permite crecer y compartir.

Luego, experimentamos la cultura danesa a través de la comida y aunque el almuerzo incluyó muchos sabores nuevos para mí, el Smørbrød fue el plato que cautivó mi corazón; particularmente después, cuando me enteré de que es algo que comes en un día de celebración. Conocer eso fue como sentir un abrazo de nuestros amigos daneses, era especial para ellos tenernos allí. En la mesa había tres opciones y claramente las probé todas. La comida se sirve en un pan especial, rico en fibra y proteína que se llama Rugbrød, con un poco de mantequilla y lechuga. Las combinaciones que pueden lograrse son realmente novedosas, así: huevo y camarones, paté y verduras con gelatina (que no logré descifrar de qué estaba hecha), papas con crema.

Durante nuestra visita a la YMCA de Horsens, también experimentamos lo que se conoce como Living the C of the YMCA, que puede traducirse en cómo compartimos tiempo en torno al ecumenismo cristiano del que habla la Base de París de la YMCA (Paris Basis). Antes de comer, dimos gracias a Dios por los alimentos con una canción, es lo más cerca que he estado de cantar canciones juntos en el espíritu fraternal que mantiene unido a este movimiento por más de 175 años.

Este recuento del primer día de Consejo Mundial de la Asociación Cristiana de Jóvenes me hace pensar en el veinteañero George Williams. Hace más de siglo y medio, todo lo que este joven tenía para compartir era su amor por Dios, su servicio a los demás y su cariño por sus amigos, que fueron suficientes para iniciar un movimiento global. Es prometedor ver que aún hoy nos aferramos a esos valores y principios, con la esperanza de que, aunque sigan pasando los años, continuemos asidos a ellos.